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Conozcamos a la mujer adulta mayor en la cosmovisión mapuche

Wirilkan kiñe nahuel
kiñe witrunkomew
tacchi amule chi ko
ñi ingkañpewam (Luis Huenún )

Un tigre he dibujado
En el arroyo
Para que el agua libre
Se defienda

 

En todas las culturas la cosmovisión de los pueblos originarios tiene un relato de vida y en nuestro pueblo mapuche no es la excepción. Leyendo este artículo descubriremos cómo las mujeres de distintas edades son protagonistas en cada espacio de vida de la comunidad y de la naturaleza.

En su libro “Magia y secretos de la mujer mapuche” el filosofo escritor y académico universitario Ziley Mora Penroz desarrolló una exhaustiva investigación antropológica y etnográfica en relación con el tema a nivel social, religioso y del lenguaje mapuche. Él nos ilustra y nos comenta cómo este universo cargado de misterios tiene una importante presencia femenina, considerando entonces que la mujer es la base donde la naturaleza se realiza a sí misma.

 

La mujer en la cultura mapuche

 

Es la que conecta y enlaza los mundos, es el canal entre el cielo y la tierra. En línea con esto, por ejemplo, la palabra en mapudungun equivalente a la palabra esposa es kure, la cual literalmente significa “hueco profundo por donde se canaliza la energía pura”, “la que purifica o ennoblece la fecundidad” o “la canalización de la energía”, la que de un modo exclusivo hace pura y fecunda la energía de la vida.

 

Mujer como un medio para acrecentar a un otro: la naturaleza, la comunidad, al hombre

 

Aquí me detengo, porque la tarea que antaño se les desveló a las mujeres mapuches sería la de “seducir el arte celeste del hombre, atraerlo para que este engendre lo mejor de sí mismo en ellas, y puedan así: en sus vientres, en sus pechos, en sus manos y en sus cunas, despertar los hijos del cielo”.

Cuando decimos domo la mujer o lo femenino, literalmente significa “instrumento por el cual se accede a lo más, a lo mayor, es el tiempo que analiza la abundancia, a un tipo de calidad mejor”. Esta sabiduría está relacionada con el poder de la mujer para conducir las fuerzas de la vida misma, lo cual no necesariamente está relacionado con la fertilidad, sino que con el ordenamiento de las energías del universo.

A veces, en la cultura mapuche, lo femenino representa el medio que dispone la naturaleza para acrecentarse y mejorarse a sí misma, a través de un instrumento que personaliza la abundísima fecundidad y el poder de ser más.

Los mitos del origen de la mujer y la tradición llevan a pensar que la mujer en la cosmovisión mapuche tiene el propósito de aproximarse al hombre, que es una suerte de semilla prematura caída del cielo, para que a través de ella encarne y materialice su misión divina. Ella es la que despierta al hombre, lo prueba y le exige perfección.

Entonces aquí la mujer es el cuenco donde que se adosa y envuelve el germen, proporciona células a la intención masculina, casa a la idea, materializando el proyecto, tierra al cielo, es el hogar del espíritu, es el útero a la sabiduría…

Desde tiempos remotos, en tantos relatos recogidos oralmente desde distintas comunidades mapuche, se ha visto en cada mujer y en la presencia femenina uno de los polos creativos del universo, es decir un poder superior de la naturaleza.

En la tradición indígena chilena, como en otras, se designa a la mujer como la prolongación fecunda “del vientre de la tierra” y la aliada mágica de todo orden natural, ya que no sólo es la poseedora de la llave de la vida, sino también su mente es un verdadero “útero” para concebir y plasmar el mundo sutil de lo invisible.

 

Mujer como fuente de fuerza para los guerreros

 

La mujer es portadora de la clave que permite la conexión de la comunidad con la naturaleza y una vez cuajado el embrión masculino en la etapa de la concepción, la mujer administra las fuerzas de la vida que este embrión recibe. Lo que ella haga o deje de hacer durante esta construcción del futuro será decisivo.

Es así como en la tradición mapuche se le asigna el gran merito de forjar el coraje del guerrero a través de un rito realizado en cada amanecer donde la mujer embarazada se “inyecta” el “sol invicto” del amanecer en el vientre para forjar el alma del futuro guerrero solar y vencedor que crece en ella.

Esta práctica implicaba también aislarse físicamente de la tribu e interrumpir también las relacione sexuales con el esposo. En el fondo todo esto era una demostración de máximo respeto al luminoso creador de la fuerza primordial, frente al cual lo femenino era capaz de manejar la voluntad las energías de la vida.

Los grandes konas, guerreros legendarios de la Araucanía, llevan a sus mujeres al campo de batalla porque ante su vista les hacían “parir” la victoria.

Subrayando la potencia mágica que aureola el mundo femenino mapuche, los lonkos jefes de la tribu tenían especial predilección cuando les nacían hijas, ya que para ellos eran la “base y fuente del poder”, no solo material, sino también espiritual del cacique.

La condición femenina era rodeada de especial reverencia y ceremonia y en cada estado de la niña se señalaban ritos de exaltación, que robustecía su carácter sagrado.

 

Algunas ceremonias protagonizadas por mujeres

 

Nacer en el agua

 

Los antiguos niños y niñas mapuche nacían en el agua, en un rito. Los y las hacían nacer en unas aguas superiores para lo cual se elegían ciertas fuentes naturales que contuvieran un espíritu guardián llamado ngemko, el cual era benéfico y protector del alma de los niños y niñas mapuche, como era el caso de las kallfumalen (ninfas guerreras).

Preferiblemente esto ocurría en las lagunas de cráteres dormidos, los cuales se creía tenían vibraciones sagradas ante la combinación del fuego con el agua y el aire superior, junto a espíritus divinizados.

 

Katan Kawiñ

 

Es una ceremonia que exaltaban muy especialmente el rol de las niñas y las mujeres en la cosmovisión mapuche. En esta antigua ceremonia mapuche que duraban hasta dos días, los padres convocaban a parientes y amigos para una fiesta en torno a la perforación de las orejas de las niñas. Esta se hacía con luna creciente y dos caballos, uno blanco y uno alazán.

En sus lomos ponían mantas laboreadas en adoración al Dios, para luego hacer sentar a la niña sobre los mismos arrodillados. Allí se les agujerean las orejas.

Primero le hacían su tayül, algo similar a una alabanza acompañada por külpem o coros entonados por las abuelas. Se le encargaba la tarea de perforar las orejas a la machi o a las mujeres más ancianas de la comunidad, quienes lo hacían con un tupu de plata, una especie de alfiler punzante que además servía para sostener las mantas que se usaban en la espalda.

Todo el procedimiento se realizaba sobre los caballos y para compensar el dolor de la niña, los invitados también recibían un pinchazo similar en su mano. Finalmente, en las perforaciones se colocaban hermosos aros realizados en plata o, hasta que sanara y cicatrizara la herida, un fino hilo de lana de guanaco de color rojo, trenzado.

 

Ullchadomo o Ullchatun

 

Otra ceremonia interesante en este sentido es la de la de la nubilidad, llamada ullchadomo o ullchatun. Ceremonia que se celebran en la primavera inmediatamente posterior a su primera menstruación de la niña, aproximadamente a los 12 años.

Se trata de un gran acontecimiento que dota a la mujer del carácter capaz de generar vida y poder. El primer paso de la ceremonia era dar un “baño de flores” en el que la madre en compañía de muchachas amigas, conducen a la niña a la orilla del río.

Todas llevaban un vistoso atado de flores silvestres (la floración es el preludio de los frutos) que luego deshojan en una amplia fuente de madera donde posteriormente es acostada la niña desnuda. Luego la sumergen plácidamente en la corriente.

Este constituye el último baño de la madre a la niña, quien posteriormente la viste por última vez con un traje nuevo que termina constituyendo el “ajuar de la nueva mujer” de acuerdo con su nueva condición de “reina de la naturaleza”. Finalmente, se le sobre vestía con un impresionante ajuar de joyas de plata que concluía su nueva dignidad como domo o “señora”.

 

Reflexiones finales

 

Quiero terminar con esta revisión y análisis de rol de las mujeres con un antiguo mito cosmológico mapuche. El gran poder o Füta Chaw envió una estrella (hija suya) con figura de varón para poblar el desierto de la tierra. El hombre cae de cabeza al árido suelo volcánico y a causa de esto queda inconsciente.

Esta contingencia le impide cumplir con su cometido, por lo que el gran poder decide enviar otra estrella (ahora con forma de mujer) para que lo despierte.

Como viene mejor dotada, cae de pie y muy asentada en lo concreto y lo real, pero lejos de su compañero celeste, ahora terrestre. Las plantas de sus pies de esta primera mujer disponen de la particularidad de hacer brotar una mullida alfombra vegetal y de hacer nacer de ella diversas plantas, flores y arboles de variadas especies. Por otro lado, de las palmas se sus manos, se desprendía el poder de dar vida a los animales de la tierra.

En su camino hacia el varón, para sacarlo de su sueño, recogía las flores nacidas bajo sus pies y lanzaba sus pétalos al aire para convertirlos en variedad de aves… Una vez al lado del varón, fue despertando cada uno de sus miembros, entonces de los brazos, del tórax, de las piernas del primer hombre despertado por la primera mujer, surgieron las grandes montañas, abismos, ríos, etc.

A pesar de todo esto la mujer se vio impotente y sola frente a uno de los órganos del varón. Pudo despertar todo el cuerpo, la mente y los afectos del hombre, pero no pudo despertar su espíritu (pellü), que estaba profundamente arraigado en el órgano del corazón, el piwque.

La voluntad del Füta Chaw había querido que el despertar del espíritu fuera tarea del hombre solo: era su deber recuperar el ser de la conciencia, la ayuda femenina no bastaba, pero sin ella tampoco llegaría nunca esa decisión crucial de despertar ¡la chispa divina del espíritu!

Para mí, la gran enseñanza de este mito consiste en mostrar la íntima conexión y casi identidad entre la mujer y la naturaleza, desde la cosmovisión mapuche: ella es la que despierta las virtualidades y las potencialidades que duermen como posibilidades al interior de la creación.

Lo femenino seduce y alumbra, estimula y pare, se adorna para despertar el germen dormido y lo devuelve nacido, acrecentado y completo desde su propio útero. Entonces, despertando y pariendo las fuerzas de la vida, la mujer para los mapuche es la personalización de la naturaleza.

Me presento. Soy el que soy, un encantado de lo vivido y un ansioso de seguir descubriendo esta nueva etapa. Me encanta descubrir cosas nuevas, busco siempre asombrarme con todo frente a mi vida, alegrarme por lo bueno que les pasa a las personas, alegrarme por la naturaleza, porfiado en descubrir nuevas formas comunicarnos. Mi secreto intimo es leer y escribir a escondida en un blog. Les recomiendo leer alguna vez a Benedetti (no te rindas). Acepto desafíos con agrado y me empeño en entender que este planeta es la casa de todos y nosotros, los habitantes, somos uno. “Si el corazón se cansa de ver, ¿para qué sirve?” Mario Benedetti.

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