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Personas mayores en la Cruz Roja Chilena: un llamado a superar la inercia

Tuve la oportunidad de visitar la Cruz Roja de Valparaíso (Filial Almendral) y cuando veía las personas que estaban ahí pensé: “¿qué es ‘el servicio’?”

El servicio uno lo entiende como algo desinteresado, cuando uno sirve a los demás, y desde esa perspectiva creo que también es servicio lo que estamos haciendo como blogueros mayores.

“Servicio” es preocuparse de los demás sin esperar nada a cambio. Entonces, cuando veía lo que ocurría en la Cruz Roja, que ellas trabajan de forma voluntaria sin esperar nada a cambio, sin fines de lucro y entregando lo mejor de ellas a sus semejantes, de distintas formas, me di cuenta que ellos tienen un servicio de aporte que hacen a la comunidad; desde el trabajo que hacen con las personas discapacitadas, con las personas en situación de calle, etc, etc.

 

Voluntariado: un tema evidentemente social

 

La Cruz Roja se hace cargo de un tema evidentemente social. Hacen curaciones y otros servicios médicos mínimos, pero hay mucho más detrás de ellos y en este conocer a la Cruz Roja de Valparaíso, tuve la oportunidad de conversar con una de las personas que está encargada. Saber que tiene 71 años, que no piensa retirarse porque eso no está dentro de ella… y en este deseo de poder testimoniar esto en un vídeo, me atreví a hacerle una entrevista.

Aida Moraga:

 

“Bueno yo ya estoy en la tercera edad, con 71 años, voy camino a los 72… Pero eso no significa que yo me voy a quedar en la casa vegetando porque uno tiene que tener la mente ocupada.  

Si uno está bien se siente bien y con el ánimo de hacer algo, creo tiene que presentarse para participar en alguna institución.”

El servicio no es “personas de la tercera edad que ayudan a otras personas de la tercera edad”, aquí hay un tema mucho más fuerte, que es: cómo se ha perdido en la comunidad y el deseo de participar en estas actividades que no representan nada lucrativo.

 

Aida Moraga:

 

“…Ya sea en el Hogar de Cristo que de repente necesitan gente para atender niños o la Cruz Roja, incluso el mismo Hospital (Carlos Van Buren), porque a veces las enfermeras están súper atareadas y necesitan una mano que las apoyen, porque ellas van a hacer una cosa pero la otra persona no es necesario -creo yo- que tenga conocimiento en enfermería.”

 

Aida Moraga:

 

“Dejé de trabajar, me ingrese a la institución como voluntaria y me gustó mucho. Me motivaba mucho cuando me tocaba servirles el té a los vulnerables, gente de calle que venía con frío y hacían una fila en el pasillo. Les servíamos el tecito calentito.
Había muchos que a veces pedían -porque era gente que estaba muy falta de cariño- y me decían: “tía, le puedo dar un besito en la cara”. Nunca sentí ese rechazo.”

 

Aida Moraga:

 

“Nos juntábamos el día sábado y yo pasaba a comprar el pan. Arreglaba el pancito y salíamos a la noche a darte algo a la gente de calle.

Éramos las tres (voluntarias) las que teníamos esas ansias de salir a darles tecito a la gente. Incluso hasta a las “niñas de la noche” les dábamos tecito.

A veces no lo querían recibir y yo le decía: “tome, no le vamos a cobrar nada, esto es por la Cruz Roja”. Entonces éramos las tres. Aquí es sólo, es peligroso, pero en ese tiempo no lo era tanto como ahora. Así que llegaba así, con el corazón lleno a mi casa, porque me sentía realizada como persona, como ser humano.

Servir tiene que ver con el alma. Sentirse bien con ayudar al semejante. La sociedad de consumo nos ha hecho olvidar eso…

 

Aida Moraga:

 

“La verdad de las cosas es que no llega juventud para hacer voluntariado, porque la juventud, yo creo, que no tiene idea lo que significa ser voluntario de la Cruz Roja…
Así que no sabemos qué va a pasar con nosotras, porque aquí está la presidenta, que es la señora Gilda Gómez, Silvia Díaz, Aída Moraga, la que habla, la secretaria, Eva González y la señora Lidia Fontealba.

Esas somos todas las que estamos acá, las que vamos quedando, porque todas las otras personas ya cumplieron su edad, mucho mayores que yo, y se han ido quedando en su casa.

Así que no sé qué va a pasar con nosotras, no sabemos si esto va a seguir, si se va a cerrar, se va hacer otra cosa…”

 

Es algo que tenemos que aprender, re-aprender, porque esto estaba, existía, pero esta violenta sociedad consumo nos ha des-humanizado y pienso que debemos re-humanizarnos.

Repensar a través de las personas, repensar en nosotros, y eso es una tarea de que tiene que ver con el servicio.

Entonces, “servicio” es lo que estamos tratando de de hacer, al difundir lo que están haciendo las personas mayores de aquí y de allá. ¡Que se sepa!, un poco, nada…

Con que 1 persona 2 o 3 se levanten para hacer algo, es un movimiento, y yo siento que este movimiento que se está iniciando o que hemos iniciado a través de blogueros mayores puede complementarse con otros movimientos y provocar un cambio… ya está provocando un cambio.

 

*Este artículo se enmarca en el Proyecto Blogueros Mayores 2.0, financiado por Tena Chile. Conoce la marca aquí

Me presento. Soy el que soy, un encantado de lo vivido y un ansioso de seguir descubriendo esta nueva etapa. Me encanta descubrir cosas nuevas, busco siempre asombrarme con todo frente a mi vida, alegrarme por lo bueno que les pasa a las personas, alegrarme por la naturaleza, porfiado en descubrir nuevas formas comunicarnos. Mi secreto intimo es leer y escribir a escondida en un blog. Les recomiendo leer alguna vez a Benedetti (no te rindas). Acepto desafíos con agrado y me empeño en entender que este planeta es la casa de todos y nosotros, los habitantes, somos uno. “Si el corazón se cansa de ver, ¿para qué sirve?” Mario Benedetti.

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